VALENCIA: RESUMEN DE TEMPORADA 17/18

EL PRINCIPIO DE UN REGRESO

Después de dos alarmantes temporadas en las que el descenso estuvo demasiado cerca, el Valencia FC sabía que debía hacer un cambio radical para revertir lo que se estaba convirtiendo en una tendencia bastante peligrosa e incómoda para todos, en especial para la afición, que tenía que lidiar con esta versión descolorida de un equipo que se entiende como uno de los referentes del fútbol español. La historia reciente nos recuerda a un Valencia metido siempre entre los primeros puestos de una liga que se ha vuelto bipolar (o tripolar, si cabe el término), que disputaba Champions o al menos Europa League pero que de ninguna manera peleaba por no descender.

Las malas o dudosas inversiones y la carencia de planificación deportiva debían erradicarse si se deseaba volver a las viejas buenas andanzas. El Valencia necesitaba reforzase con jugadores que brindaran garantías para enderezar el camino, no obstante la reformación debía producirse desde arriba. No solo faltaba un DT con una idea clara y profundo conocimiento de La Liga, sobre todo después de una lista algo curiosa de desaciertos en el banquillo, sino que la claridad viniera de un director deportivo con criterio y, aún más, una presidencia que supiera, pudiera y permitiera gestionar el reto que supone llevar y mantener al equipo che donde, se supone, debe estar.

Llegaron entonces Mateu Alemany y Marcelino García Toral y con ellos una pequeña gran revolución que pasaba por “limpiar” la plantilla, saliendo de ‘pesos pesados’ como Enzo Pérez o Diego Alves, y fichar de manera inteligente y práctica, es decir; gente que funcionara y costara relativamente poco, en otras palabras, algo totalmente opuesto a lo que se venía haciendo. Así llegaría una serie de nombres al club (Kondogbia, Murillo, Paulista, Neto y Guedes entre otros) que podrían generar poca ilusión o incluso dudas y nervios en los aficionados, más que todo porque se trataba de jugadores prácticamente descartados o, en el mejor de los casos, de segundas o terceras opciones en sus respectivos equipos. Fueran los que fueren lo que realmente se esperaba era un Valencia competitivo y totalmente diferente desde el debut en casa frente a Las Palmas.

Luego de una sufrida victoria frente al conjunto canario, llegarían sendos retos, quizás demasiado pronto, ante Real Madrid en la capital y ante el Atlético en Mestalla, en los cuales plantó cara y pudo llevarse algo más que los empates finales. El equipo se veía y transmitía sensaciones muy diferentes a las que dejó las temporadas pasadas. Un nuevo empate llegaría, esta vez en el derbi contra el Levante, antes de que los de Marcelino encadenaran ocho victorias consecutivas en las que se vio un equipo de mucho vértigo y gran pegada en contragolpes o en ataques de mucha rapidez y precisión. En el recuerdo quedó el vibrante intercambio de goles en el partido en el Benito Villamarín contra el Betis, que ganaría 3 – 6, con actuación destacada y golazo incluido del jugador revelación Guedes, o la goleada 4 – 0 en casa al Sevilla.

Esta primera etapa del torneo fue la más ilusionante para los aficionados, no solo por la condición de invicto que fue manteniendo el equipo sino porque se fue consolidando un bloque que poco a poco iba creyendo -y manifestando- la idea que Marcelino quería implantar. Empezaba a asentarse la dupla Parejo-Kondogbia en la medular que terminaría siendo capital. También en esta primera etapa se contó con la que ha sido probablemente la mejor versión de Simone Zaza en su carrera, en la que incluiría un hat-trick ante el Málaga en la primera de seis jornadas consecutivas anotando para el italiano. Paralelo a esto, ya había iniciado su andar en la Copa del Rey, competición que hacía mucha ilusión a todo el vestuario y a la afición. En el camino se cruzó primero el histórico Zaragoza, en una eliminatoria que Valencia resolvió con absoluta solvencia.

Sería el turno de medirse con el Barcelona que, a diferencia de los partidos contra los equipos de Madrid a principio de temporada, se antojaba como una verdadera prueba para un Valencia que al momento se le consideraba como candidato a pelear La Liga. A pesar de que por momentos le jugaron de igual al conjunto de Valverde, llegando a rozar el triunfo, lo cierto es que el equipo de Mestalla debió perder el encuentro que terminó solamente en empate a un gol, más que todo, porque Neto se empeñó de tal manera en enmendar su error ante un disparo de Messi que se le coló entre las piernas que, cuando otros se hubieran llevado las manos al rostro, el meta brasilero no se dio por vencido y terminó sacando el balón luego de que pasara la línea de gol. Afortunadamente para los intereses del Valencia el VAR estaba a una temporada de distancia.

El invicto se acabaría en la jornada 14 en la visita al Coliseum Alfonso Pérez ante el rocoso Getafe, un equipo que esta temporada siempre supo sacarle los colores al Valencia. Se acusó al conjunto de Bordalás, y en especial a Damián Suárez, de excesiva rudeza y conducta antideportiva y hasta se habló del terreno de juego. Detalles en parte ciertos pero que no justificaban la derrota de un equipo que se vio superado y al que le faltaron ideas y alternativas ante un rival que salió con el cuchillo en los dientes. Este encuentro marcaría el fin de esa notable tendencia inicial y se convertiría en el principio del peor momento de la temporada para el equipo con pequeños paréntesis en forma de victorias poco convincentes y su avanzar en la Copa del Rey.

En este punto las derrotas fueron ilustrando ciertas falencias del equipo, como el tener una plantilla algo corta para las pelear las dos competiciones, algo que se remarcaba con las lesiones de jugadores que se habían hecho muy importantes como Guedes o Murillo. Se iba haciendo evidente que debían reforzarse en el mercado de fichajes con al menos tres incorporaciones. Al final fueron solo dos; Francis Coquelin y Luciano Vietto, llegaban para poner a prueba esa percepción que se había generado alrededor de Marcelino, evidentemente justificada, como resucitador de jugadores. Quedaba y quedó como tarea pendiente la de reforzar el lateral derecho, la posición que más inseguridad le generó a Marcelino y en la que hubo mucha variación dependiendo del rival o si se jugaba de local o visitante. Todo lo contrario a la banda opuesta, cubierta con creces donde Gayà ha demostrado su madurez, muy bien secundado por el joven talento de Lato.

En cuanto a los entonces recién llegados, el argentino crearía altas expectativas que no tendrían luego continuidad con un triplete en la vuelta contra Las Palmas en los octavos de final de la Copa. Por su parte el jugador francés con su entrega y despliegue físico fue ganándose su lugar en el equipo y en el corazón del aficionado. Era una fuerte alternativa en la medular -y hasta demostró serlo en le defensa si era necesario- que podría suplir con garantías alguna potencial baja de Parejo o de su compatriota Kondogbia hasta que lamentablemente se lesionó de gravedad en un entrenamiento y el cuerpo técnico no pudo contar más con un jugador que en poco más de dos meses se había convertido en fundamental para el conjunto. A pesar de esto, o quizás en parte por esto, el Valencia no lograba alcanzar el potencial mostrado en la primera parte. Se notaba y mucho es desgaste que generaba la doble competición. Algo a tener en cuenta para la próxima temporada cuando se espera y aspira pelear en las tres que participarán.

Sufriendo en exceso se lograron superar los cuartos de final de la Copa del Rey al derrotar en penales a un Alavés que en buena parte de los 120 minutos se mostró superior. Sin embargo, Jaume se erigió como figura en la tanda de penales permitiendo llegar a semis contra un reto aún mayor contra el Barcelona. En La Liga la irregularidad seguía y quedó claro que, aunque el Valencia había mejorado mucho, consolidándose como bloque y alcanzando una identidad, la posibilidad de competir realmente con los de arriba no estaría aún a su alcance. Perdió con todos; no le pudo anotar ni un gol a los catalanes en los dos juegos de semifinales de la Copa y perdió también en la segunda vuelta en el Camp Nou, recibió una dolorosa y exagerada goleada en casa ante el Madrid y perdió por la mínima en el Metropolitano.

A pesar de esto, Marcelino y los suyos nunca perdieron de vista su objetivo; La Champions y lo fueron consolidando en cada partido. Una vez eliminados de la Copa, se volvió a la regularidad en las victorias en liga, pero con una diferencia con respecto a ese primer tramo de la temporada: se vio un equipo más ordenado, más bloque, que si bien no tenía la misma explosividad de antes, era mucho más solvente, esta vez con un Rodrigo estelar tomando la batuta dejada primero por Zaza y luego por Santi Mina en las labores ofensivas del equipo y agregando también su toque personal en la creación. En la zaga se consolidó Paulista quien, después de algunas lagunas, mostró su entrega y determinación ganándose el respeto y admiración de la gente. Así se logró consolidar la meta Champions que en realidad desde las primeras jornadas alcanzaron y nunca soltaron.

Ahora el reto es mantenerse y mejorar. Lo alcanzado es una base inmejorable pero para de verdad llegar a llamarse proyecto, se debe ser consecuente. Hay falencias que cubrir y aspectos económicos que solventar. Ya ha empezado un mercado de fichajes que promete mucho movimiento, bajas y altas que se esperan mejoren el equipo, lo hagan más competitivo y capaz de pelear las tres competiciones para que no se trate de un regreso fugaz, sobre todo con el centenario del club a la vuelta de la esquina. Lo cierto es que la ilusión y expectativa ha renacido en el corazón de la afición, de Mestalla.

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